LA GRIETA TECNOLÓGICA DEJARÁ 30% DE PUESTOS SIN CUBRIR EN 2020

Según la agencia de noticias Telam, el 70% de los trabajos de hoy se tornarán obsoletos dentro de la próxima década y el 65% de los niños que están empezando la primaria, terminarán trabajando en empleos que aún no existen. Y si hablamos del presente, el Instituto Nacional de Educación Tecnológica (Inet), ya advierte que el 51% de las empresas argentinas está enfrentando dificultades para contratar expertos en tecnología. Las principales causas son la falta de competencias y la escasez de postulantes.

Además de que el recurso es escaso y hay una guerra por retener talentos, hay un desafío de formación en el sector, todavía en falta en el país. Los sistemas educativos, por sus propios procedimientos regulatorios, demoran más tiempo en actualizar sus currículas mientras la industria no se detiene. Eso genera una brecha entre la demanda del sector y la cantidad de egresados de las universidades.

¿Qué hacer mientras tanto?

Las empresas se ven obligadas entonces, a pensar nuevas formas de conectarse con el potencial talento. Muchas veces en las mismas universidades o centros de estudio, se organizan eventos con partners y jornadas de empleabilidad en las que se ponen a estudiantes en contacto directo con los reclutadores para entender cómo entrar a la industria y cuál es el mejor plan de carrera para cada uno de ellos.

En este complejo escenario, el buen clima laboral no puede ser dejado de lado. Si pensamos que en el futuro no tan lejano, los trabajadores pasarán menos tiempo en sus “escritorios”, es clave que ese tiempo sea optimizado y beneficioso. Así, la creación de “mesas de clima” es una herramienta casi ineludible para monitorear el engagement de los empleados y permitir que los mismos se apropien de mejoras e iniciativas para toda la compañía.

Este tipo de iniciativas se vuelven muy ricas para el bienestar general de las organizaciones: los empleados valoran la colaboración y las áreas de RR.HH., el feedback. Al fin y al cabo, la sensación de pertenencia, posibilitadas por la empatía, la cercanía y la comunicación interna, son prácticas que ningún algoritmo ni machine learning será capaz alcanzar.

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