TIPS PARA SUPERAR LA DEPRE DEL DOMINGO

Estamos inmersos en una dinámica rutinaria que nos da el pésame cuando llega el lunes y nos anima con la llegada del viernes, como si sólo mereciera la pena vivir de viernes a domingo, eso en el mejor de los casos para quienes no trabajan los fines de semana.

 

Todo el ocio, el tiempo en familia, la desconexión, entre otros momentos felices, están asociados a una franja concreta de la semana, por lo que el domingo se convierte en el lastimero día que te recuerda que ya se acaba lo bueno y pronto llega el infierno de las obligaciones y las tareas.

 

De modo que algunas personas, entre las que quizá te encuentres, empiezan a sufrir desde el domingo con nostalgia y tristeza, desaprovechando las horas en lamentos y suspiros.

 

Estamos hablando de la depresión asociada al domingo. Una de cada cuatro personas siente una profunda tristeza en el último día de la semana, que se acentúa cuando comienza a atardecer.  Esta estadística bien merece la pena ser tenida en cuenta, porque realmente son bastantes los afectados por algo que puede tener remedio.

 

Suele estar más asociada a personas de entre 30 y 60 años en una etapa productiva de su vida, pero puede extenderse a otras edades y agudizarse en quienes viven solos.

 

Si la padecés, habrás notado que empieza a invadirte desde el domingo a mediodía y se te hace más insufrible a partir de las siete de la tarde. Te invade una especie de melancolía que te deja sin fuerzas, motivación o alegría para poder hacer algo distinto que no sea tirarte en el sofá o ver pasivamente la tele. Si bien es cierto que puede manifestarse en distintos grados según la persona, podemos encontrar una serie de características comunes:

 

  • Se manifiesta en mayor nivel cuanto mayor sea el contraste con la euforia del viernes y el sábado, que en general han estado vinculados a un ocio activo y social.
  • Se tiene la conciencia de quedarse a solas con uno mismo, sin actividades concretas que hacer y con el pensamiento de que ese día tiene poco o ningún sentido.
  • Se pasa peor anticipando los problemas pendientes de la semana siguiente que cuando éstos llegan y se hacen reales.
  • Se tiene la sensación de estar perdiendo el tiempo a la vez que no se está motivado por emprender nada.

 

La persona se acostumbra a este sentimiento de desidia y tristeza, sin intentar hacer algo diferente para cambiarlo, volviéndose a encontrar con lo mismo siete días después.

Así que antes de preguntar qué puedes hacer para no sentirte así cada domingo, sé honesto contigo mismo y cuestiónate: ¿qué estoy dispuesto a hacer para que esto no sea así?

 

Algunas propuestas que pueden ayudarte en este objetivo:

 

#1. Si el LUNES no diera tanto miedo, el DOMINGO sería más bueno.

Este último día de la semana te concede largas horas para dar vueltas a las preocupaciones cotidianas, para recordarte que tienes asignaturas pendientes y obligaciones que no deseas cumplir. No dejes que el domingo se convierta en la antesala del infierno. Para ello, te sugierimos que dediques unos minutos el viernes por la mañana dentro de tu rutina a hacer un pequeño plan para el lunes en el que tengas en cuenta dos columnas:

  • Las tareas pendientes.
  • Los recursos con los que cuentas para llevarlas a cabo.

Esto te dará una visión objetiva y positiva con la que cerrar la jornada del viernes sin que el domingo tengas que anticipar con angustia.

 

#2.Hacé del DOMINGO un día con sentido propio.

Si el domingo es el post de lo bueno y el pre de lo malo, pierde su propia función, y se convierte en un día en tierra de nadie, en el que no sabes qué hacer. No dejes que esto te ocurra, dale su propia identidad a este día. Imagina que es un empleado a tu cargo que está deseando que le des funciones propias y dejar de ser la bandeja donde todos depositan sus penas. De vos depende encontrarle sentido a este día. No tienes por qué vivirlo como otras personas, puedes adjudicarle unos objetivos concretos a este día que lo transformen en valioso y agradable.

 

Algunas ideas:

  • Espacio individual para vos (para ordenar tus cosas, para tu estética, para hacer deporte, para leer, para estudiar algo, etc.)
  • Ocio más casero o a un ritmo más tranquilo: escuchar música, pintar, escribir, juegos de mesa, senderismo, etc.
  • Comida/Merienda familiar o entre amigos. No hace falta que sea nada complicado o formal, basta con querer pasar un rato juntos.
  • Añadí una actividad nueva, por pequeña que sea, y salí del domingo rutinario, dejando menos espacio al ocio pasivo (televisión, sofá).

 

#3. Aceptá el final, todo es cíclico.

Hay una parte del DOMINGO que es inevitable, es el final del fin de semana, marca el límite entre un tipo de rutina y otra. Nadar contracorriente requiere mucho esfuerzo. Si te empeñás en hacer eterno el fin de semana, negándote a su finitud, vas a sentir más frustración y desolación cuando vayas viendo que se te escapan las últimas horas. ¿Por qué vivirlo así agonizando? ¿Por qué no intentás nadar a favor de la corriente y disfrutás del viaje, aceptando la caducidad del DOMINGO, como la de la vida? No se puede disfrutar de lo que bebés, si a cada sorbo estás despidiéndote de la bebida y poniendo el foco en lo que falta para que se acabe, en lugar de lo que está transcurriendo en el aquí y el ahora por tu paladar, faringe y estómago.

 

Por su parte, tanto los neurólogos como los psicólogos han demostrado de manera espectacular la importancia de los momentos de ocio; los cuales no sólo fomentan la regeneración y fortalecen la memoria sino que además son condición imprescindible para la inventiva y la creatividad e incluso para las grandes prestaciones deportivas.

El ocio es algo que ocupa una parte importante de nuestras vidas y, sin duda, está asociado a algo que nos hace vivir y también a la autorrealización, a la expresividad y al encuentro entre personas.

 

Esta guía práctica se ha elaborado pensando en los padres y las madres que buscan nuevas ideas para compartir su tiempo de ocio en familia, disfrutando con sus hijos de cualquier edad, desde los más pequeños hasta los adolescentes. Cada edad se acompaña con actividades adaptadas como una propuesta de ocio para realizar en el tiempo que pasamos juntos.

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